sábado, 13 de febrero de 2016

Fuente: congreso.es

La peligrosa democracia

Hace apenas cinco años muchas voces con cierta "autoridad" pedían a los manifestantes del famoso 15-M, de forma muy "amable", que en vez de manifestarse en la calle accedieran al poder por vía legal, es decir, vía elecciones. Esta invitación fue recogida por los manifestantes y se pusieron en marcha para crear las estructuras necesarias para dar este importante paso.

Actualmente, resulta muy curioso ver como la mayoría de esos mismos "voceros" que invitaban a participar a estos jóvenes -y no tan jóvenes- en la "fiesta de la democracia" ahora están que echan humo porque los mismos que se manifestaban en calle hace unos años ahora ocupan un puesto en el Congreso con todas las garantías legales. Pero eso no gusta.

¿No vale lo mismo un voto para el PP o el PSOE que para el resto de los partidos? La democracia es un "juego", en ocasiones algo perverso, que solo suele gustar cuando a uno le favorece. Cuando las cosas se "tuercen" entonces ya es hora de aplicar otras estrategias bastante poco democráticas e infinitamente peores que manifestarse en la calle. Activar el "factor miedo" de la gente suele funcionar: miedo a empeorar económicamente, miedo a la pérdida de ciertos derechos, miedo al fantasma del terrorismo, etc.

Curiosamente, muchos de los que invitaban a participar en el "juego democrático" tenían las cartas marcadas. Presuntamente, jugaban con trampas, financiando campañas con dinero ilegal o de dudosa procedencia. E incluso, así, con trampas no ganaron.

Viendo que miles de puestos nombrados a dedo peligran las cosas andan revueltas y el gallinero se revoluciona. Un zorro ha entrado en el gallinero democrático y está a punto de zamparse unas cuantas gallinas.

Señoras, señores esto es lo que hay. Es posible que un pacto en el que participan demasiados partidos con propuestas, en algunos casos, bastante dispares no sea la solución pero, de momento, es lo que hay. Y es tan lícito hacer pactos y sumar votos, por mucho que se quiera hacer de menos a los adversarios y devaluar el valor de los votos que no han ido al partido ganador.